La presencia de los porros en las universidades

17/09/2018 Creado por Punto de Expresión Categoría: Inicio No hay respuestas

Por: Raúl Marcelino Victoria

En los años sesentas en todo el mundo se dio el movimiento estudiantil universitario en aras de que las máximas casas de estudios abrieran sus puertas a todo el alumnado: hombres y mujeres, sin necesidad del examen de admisión, pues a decir de las autoridades la educación deberá ser garantizada, en la práctica no lo es. El fantasma de la iniciativa privada está latente, sobre todo en los Estados de corte capitalista, las escuelas particulares son la prueba.

Aunado a lo anterior, como cualquier joven, en sus espacios universitarios adoptaban figuras de personajes que en vida tuvieron ideas progresistas o que planteaban nuevas formas de gobierno que garantizarían democracia en la toma de decisiones, que conducirían al ser humano al paraíso con la eliminación de la moneda. Entre estos inspiradores tenemos en el contexto internacional a Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin, José Estalin, León Trosky, Mao Tse Tung.

La efervescencia comunista se fortaleció con tanta represión patrocinada por los países altamente capitalistas quienes llegaron, incluso a organizar la conformación de golpes de Estado en contubernio con generales de los ejércitos, en Latinoamérica hubo muchos casos de esos (Argentina, Chile, Nicaragüa, Guatemala…). Además de esta práctica de dominación, fueron creados grupos paramilitares y de inteligencia para avasallar a “los revoltosos”, hasta se editaron libros de contra guerrilla que circulaban en el ámbito de las milicias para enfrentar la táctica de guerra de guerrillas.

Las actitudes de los libres pensadores comenzaron a ser atacadas por el capitalismo, por su absurdo temor de que los países se convirtieran en comunistas, pues perderían su fuerza, su poder, sus propiedades al volverse colectivas. En este sentido, las represiones violentas comenzaron a surgir, en nuestro país tenemos las atrocidades gubernamentales de octubre de 1968 y julio de 1971, lo que avivó el idealismo de las juventudes universitarias.

En el caso de la perla mexicana, los universitarios de los años sesentas, setentas y parte de los ochentas no solo reconocían el idealismo de los personajes ya mencionados en el segundo párrafo de este artículo; recurrieron a las figuras de Emiliano Zapata, Francisco Villa, de campesinos y obreros pues ya estaba en boga la oz y el martillo. En las paredes de sus escuelas elaboraron murales inspiradores de un nuevo mundo, cuyos habitantes fueran más justos y cordiales con los seres humanos y su entorno ecológico.

Aprovechando la coyuntura en las instituciones de educación superior el personal administrativo y de intendencia organizan sindicatos. En tanto los académicos hacen lo propio para luchar por mejoras salariales. La efervescencia llega a estallar en huelgas. Por una temporada estos sectores tuvieron éxito en la mejora de sus derechos laborales hasta que las autoridades contra atacaron impulsando sindicatos afines, en el argot popular se les dice sindicatos charros, porque no tienen ideales más que codearse con el poder y lograr canonjías para unos cuantos.

Para frenar esos pensamientos, gobiernos que respondían a los intereses del capitalismo convencieron a rectores de universidades para conformar grupos de choque reclutando jóvenes desorientados que les gustara el dinero. Se hacían las contrataciones, a unos se les pagaba a valores entendidos, a otros se les daba de alta en corporaciones policiacas para que los gastos recayeran en las nóminas oficiales; y se les daba adiestramiento para reventar asambleas de estudiantes que fueron agregando más planteamientos reivindicadores como la revisión de planes y programas de estudio. También eran utilizados los cuerpos de choque para romper huelgas. A ese tipo de sujetos, con el paso del tiempo fueron denominados “porros”.

Sin embargo, personas que comulgan con las políticas de los gobiernos en turno, tergiversaron el nombre de porro para definir a los estudiantes de libre pensamiento, la idea era desacreditar sus nobles ideas que si no lograrían el anhelado paraíso, sí influirían con el transcurso de los años en la llegada de gobiernos democráticos a través de partidos de izquierda, entendida esta como formas más humanas de convivencia.

En lo referente a México, nunca hubo condiciones para la realización de una lucha armada. Existían las ideas, pero no el armamento necesario; por lo que las pintas en las bardas de las ciudades y los campus universitarios llamando a la rebelión nunca prosperaron, fueron en vano. Por ello, no fue necesario la masacre de estudiantes. Esto lo entendieron los gobiernos y los rectores esquiroles, quienes tuvieron que reorientar sus estrategias de control: quitar o disminuir las materias humanísticas haciendo a un lado los libros de texto que hablaran de las obras de Marx, Engels, Lenin, Mao; así como sostener sindicatos fáciles de controlar. Hoy día no sé que se entienda por “porro”.